En el marco del proyecto Fondecyt liderado por Javiera Marfán, investigadora asociada de CEPPE UC, la académica Riikka Hofmann, de la Universidad de Cambridge, dictó una charla sobre cómo el aprendizaje profesional docente situado puede contribuir a transformar prácticas escolares de manera sostenible, especialmente en contextos socioeducativamente desafiantes.

 

El liderazgo escolar, el desarrollo profesional docente y la búsqueda de una mayor justicia educacional fueron los ejes de la charla “¿Cómo puede el aprendizaje profesional docente situado ayudar a superar la inercia en las escuelas de manera sostenible?”, dictada por Riikka Hofmann, académica de la Facultad de Educación de la Universidad de Cambridge, Reino Unido.

La actividad se realizó en el marco del proyecto Fondecyt de Iniciación “Liderazgo escolar para el desarrollo profesional docente en contextos socioeducativamente desafiantes: una ventana hacia la justicia educacional”, liderado por Javiera Marfán, académica de la Facultad de Educación UC e investigadora asociada de CEPPE UC.

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El proyecto busca comprender cómo los equipos directivos interpretan y ponen en práctica las políticas de desarrollo profesional docente para generar espacios de aprendizaje significativos entre profesores, especialmente en escuelas que enfrentan mayores desafíos socioeducativos. En esa línea, la presentación de Hofmann permitió profundizar en una pregunta central para la mejora educativa: cómo las escuelas pueden transformar sus prácticas sin depender exclusivamente de intervenciones externas o de cambios de corto plazo.

Durante su exposición, Hofmann abordó el problema de la inercia escolar, entendida como la estabilidad de prácticas establecidas que, aunque permiten el funcionamiento cotidiano de la escuela, también pueden dificultar procesos de cambio orientados a la equidad. Según planteó, las explicaciones centradas únicamente en déficits individuales de los docentes resultan insuficientes para comprender por qué ciertas prácticas persisten, especialmente en contextos marcados por desigualdades socioeconómicas.

Desde una perspectiva basada en la teoría dialógica, la teoría de la actividad histórico-cultural y en enfoques de práctica, la académica destacó que el cambio educativo requiere abrir espacios donde convivan múltiples perspectivas, incertidumbre y disposición a revisar las normas habituales de la escuela. En este sentido, el aprendizaje profesional docente situado aparece como una herramienta clave para que los equipos escolares puedan identificar sus propios desafíos, construir nuevas interpretaciones sobre sus estudiantes y diseñar respuestas pedagógicas pertinentes a su contexto.

 

Paradojas

Uno de los principales momentos de la charla fue la presentación de cuatro paradojas que pueden obstaculizar el cambio profesional en las escuelas: la paradoja de la agencia, la paradoja de la norma, la paradoja de las personas y la paradoja del riesgo. Estas tensiones muestran que transformar las prácticas no depende solo de contar con evidencia o nuevas orientaciones, sino también de generar condiciones institucionales, relacionales y profesionales que permitan a los docentes experimentar, colaborar y aprender colectivamente.

En el caso de la paradoja de la agencia, Hofmann explicó que en escuelas que atienden a comunidades más desfavorecidas puede instalarse la creencia de que ciertos aprendizajes o cambios son imposibles de alcanzar. Esa percepción limita la acción profesional y reduce las oportunidades de descubrir nuevas posibilidades pedagógicas. Frente a ello, sostuvo que los líderes escolares pueden desempeñar un rol fundamental al ayudar a las comunidades educativas a formular sus propios objetivos de cambio y vincularlos explícitamente con procesos de aprendizaje profesional.

Respecto de la paradoja de la norma, la investigadora señaló que las prácticas escolares establecidas tienen una fuerte “gravedad”: funcionan porque entregan certezas sobre lo que se espera en la sala de clases, pero al mismo tiempo pueden impedir transformaciones profundas. Por eso, subrayó la importancia de que los procesos de mejora hagan explícito el cambio de normas como un objetivo y resultado del trabajo colectivo.

La paradoja de las personas, en tanto, pone el foco en las relaciones dentro de la escuela. Las percepciones sobre colegas, estudiantes, familias o directivos pueden operar como barreras para el cambio, especialmente cuando no existen herramientas para fortalecer la colaboración. En este punto, Hofmann destacó que colaborar también requiere aprendizaje, al igual que liderar procesos colaborativos.

Hofmann también identificó la paradoja del riesgo como una tensión relevante para comprender la inercia escolar. En ella se observa que innovar en la práctica pedagógica implica enfrentar incertidumbre: probar nuevas formas de enseñanza puede tensionar expectativas institucionales, relaciones profesionales y criterios establecidos sobre lo que se considera una “buena práctica”. En ese sentido, el liderazgo escolar cumple un rol clave al generar condiciones de confianza, acompañamiento y aprendizaje colectivo para que los equipos docentes puedan explorar cambios en sus prácticas de manera protegida y sostenible.

Estos planteamientos dialogan directamente con el proyecto encabezado por Javiera Marfán, que busca aportar evidencia sobre las condiciones que permiten a los líderes escolares promover comunidades profesionales de aprendizaje, desafiar concepciones limitantes y favorecer prácticas pedagógicas con altas expectativas hacia todos los estudiantes.

En esa línea, la charla permitió relevar que avanzar hacia una educación más justa requiere comprender el liderazgo escolar no solo como una forma de gestión institucional, sino como una práctica capaz de crear condiciones para el aprendizaje docente, la reflexión colectiva y la transformación sostenible de las escuelas.