Seminario analiza vínculo entre Educación Cívica y formación ciudadana

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Organizado por CEPPE y la Facultad de Educación de la Universidad Alberto Hurtado, el seminario tuvo lugar el miércoles 20 de mayo y formó parte del ciclo Diálogos sobre calidad en la Educación que se extenderá hasta julio de este año. Expusieron Alejandro Carrasco, Cristián Cox, Leonora Reyes y Esteban Valenzuela.

Reflexionar sobre sobre la formación ciudadana como componente esencial de una educación de calidad, y analizar los desafíos a los que se enfrenta la educación cívica en la actualidad, fueron parte de los objetivos que se impuso el Tercer Diálogo CEPPE sobre Calidad en Educación: Formación Ciudadana y educación cívica: la Reincorporación al currículo escolar, que tuvo lugar el pasado miércoles 20 de mayo en el Salón de Honor de la PUC.

Durante su discurso de apertura, Alejandro Carrasco, subdirector de CEPPE-UC, explicó que la formación ciudadana constituye una dimensión esencial de una educación de calidad, y que una formación ciudadana ideal debe hacer florecer en cada estudiante al menos tres aspectos fundamentales: voz, autonomía y sociabilidad.

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Potenciar la voz o cultivar el pensamiento, explicó el subdirector de CEPPE, significa educar la capacidad de pensar por sí mismo, de evaluar críticamente las ideas heredadas, supone enseñar a elaborar y comunicar fundadamente los propios puntos de vista.

-Estas son capacidades que habilitan para la vida pública, para el espacio del trabajo, para la relación con las instituciones tanto económicas como del Estado, así como el reclamo y promoción de los derechos propios y colectivos. A nivel de la escuela, promover la voz de los estudiantes, requiere una pedagogía particular, que ayude a los estudiantes a desarrollar su juicio: a organizarlo, elaborarlo, transmitirlo y esencialmente revisarlo.

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La segunda condición a la que aludió el especialista, en virtud del valor de la libertad humana, consiste en fomentar la autonomía, entendida como el principio de autonomía que supone que las posibilidades de formación de nuestro pensamiento no queden únicamente al arbitrio de las posiciones ideológicas, religiosas o políticas de los padres.

Por último, Carrasco señaló que sociabilidad tiene que ver con la vida junto a otros que son diferentes en términos raciales, étnicos, de género, socioeconómicos y regionales. Esto supone que la formación ciudadana es una experiencia práctica y que presupone sistemas educacionales con políticas explicitas de des-segregación, explicó.

-La mixtura social y cultural de las escuelas se relaciona con lo que Michael Walzer denomina la promoción de sociedades de la tolerancia. Walzer afirma que la tolerancia política, social y cultural no es abstracta, es una práctica que se transmite en términos experienciales donde el curriculum sería un mediador fundamental. –sentenció el especialista.

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Calidad vinculada a modelo productivo

"Educación y calidad: trayectoria histórica y proyecciones" fue el título de la presentación de Leonora Reyes, del Depto. de Estudios Pedagógicos de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, quien sostuvo como hipótesis que la relación entre educación y calidad se ha construido históricamente, y que lo que una sociedad entiende como calidad ha estado íntimamente relacionado con el modelo productivo y laboral que ella misma impulsa.

Mencionó como ejemplos el modelo taylorista de principios de siglo XX, cuando existía una sociedad elitista que privilegiaba un proyecto educativo bifurcado, centralizado y extranjerizado, con una fuerte apuesta por "trabajadores básicos y ciudadanos obedientes".Luego, pasamos al modelo del Fordismo, que estuvo vigente entre 1930 y 1980, y donde la calidad educacional se relacionó con un Estado de bienestar, donde había una sociedad elitista con una fuerte preponderancia de los sectores medios y un proyecto educativo desarrollista y basado en un Estado Docente, caracterizó la investigadora.

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-Nos enfrentamos a una encrucijada: ¿Medir calidad educativa (resultados) o evaluar procesos educativos en función del proyecto de sociedad que queremos? Esa es la gran pregunta –finalizó.

Participación: optimistas v/ pesimistas

Cristián Cox, académico de la Facultad de Educación de la Universidad Católica, fue otro de los expositores, quien recordó al inicio de su presentación que el compromiso cívico hoy puede entenderse desde la decreciente participación electoral y en partidos políticos, la creciente desconfianza política y la creciente desigualdad.

Cox explicó que los investigadores están divididos entre los optimistas y los pesimistas. Los pesimistas creen que las democracias están seriamente amenazadas, que la distancia de los jóvenes con la actividad política tradicional constituye un problema (una "bomba de tiempo democrática"), y que menos y menos los representarán, y que menos y menos quieren ser representados. Los optimistas, por su parte, creen que no hay crisis, sólo cambios en los modos de involucrarse. Y que el interés y el involucramiento son estables, señaló.

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-La Internet y la participación en acciones ad-hoc que permite, amplía el repertorio de la participación. Incluso si esto no compensa la ausencia de los jóvenes en los partidos políticos, los jóvenes crean nuevas avenidas para el involucramiento político, y ayudan a las democracias a sobrevivir, sostuvo.

Sin embargo, y pese a los nuevos formatos de participación e involucramiento de los jóvenes, persiste una reproducción inter-generacional de la desigualdad política, argumentó el investigador. Por ello, agregó, es necesario reintegrar la educación cívica como asignatura del currículo escolar, con contenidos que incluyan el fortalecimiento de valores como el Bien Común, la Solidaridad y la Equidad; mayor importancia y presencia del voto; potenciar la interculturalidad y establecer contenidos sobre Ciudadanía Global.

El último expositor fue el profesor Esteban Valenzuela, director del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad Alberto Hurtado, quien analizó el tema desde el foco de fortalecimiento de la democracia.

Valenzuela señaló que "debemos tener una educación cívica que no sea una mera presentación institucional. No se trata solamente de enseñar cuántos cupos tiene el Parlamento o el nombre de las instituciones del Estado", ejemplificó.

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-La educación cívica debe dar cuenta de las tensiones que la sociedad vive y a las que el estudiante se enfrenta. La clase de educación cívica debe tener una logística que la guíe. No debe minorizar grupos ni opiniones, debe dar cuenta de los procesos sociales, incorporar a la enseñanza elementos claves para entender la sociedad actual, como la historia del sindicalismo o el sentido histórico y político de las movilizaciones y las protestas –argumentó.

Valenzuela concluyó indicando que "no sólo debe ser un apoyo u orientación para el estudiante, sino un lugar de desarrollo y de canalización de sus inquietudes y potenciales".